Luces y sombras de “El Reino”, en Netflix

Hace varias semanas viene anunciándose “El Reino”. Esta miniserie producida por Netflix tiene entre sus líneas de ficha técnica nombres ilustres en todas las áreas.


Está creada por el realizador Marcelo Piñeyro (que con esta producción se suma a las huestes de los directores nacionales que se asocian con la plataforma) y la escritora Claudia Piñeiro (que acaba de obtener el Dashiell Hammet en la Semana Negra de Gijón por su novela “Catedrales”).


Pero el casting de actores de “El Reino” también es un ramillete de talentos con mucha proyección mediática: Diego Peretti, Chino Darín, Mercedes Morán, Vera Spinetta, Sofía Gala Castiglione, Peter Lanzani, Joaquín Furriel, Nancy Dupláa. No es poco sino al contrario.



La historia de esta miniserie, construida a modo de thriller policial, hace foco en la trama de acuerdos espurios entre un pastor evangélico, Emilio Vázquez Pena (Peretti) y un partido político que lo convoca como candidato a vicepresidente de su fórmula para ampliar su base electoral.


Todo pinta bien hasta que un atentado termina con la vida del compañero de fórmula del pastor y la investigación, comandada por la fiscal de la causa (Dupláa), va a ir desbrozando una trama corrupta e impune.


La producción de “El Reino” goza de todas las virtudes técnicas que requiere un proyecto de esta naturaleza: fotografía, sonido, diseño de arte, edición son asuntos para aplaudir. No hay en esta miniserie ni un solo fotograma que no esté a la altura de cualquier otra miniserie internacional de alta calidad. Está claro, entonces, que la Argentina es capaz de codearse con los grandes de la industria.


La idea de Piñeiro-Piñeyro es buena, con un guión que no desoye las necesidades del suspenso; tanto en su concepción audiovisual (la dirección fue conjunta con Miguel Cohan) como textual-narrativa. Recordemos que escritora y realizador ya se han reunido creativamente en varias películas: “Las viudas de los jueves”, “Tuya” y “Betibú”.



Sin embargo hay algunas flaquezas que es preciso mencionar porque “El Reino” es una promesa ambiciosa que no termina de cuajar, de crear ese “pacto de verdad” entre espectador y pantalla que permite el disfrute completo de la miniserie: la emoción, el asombro, la ansiedad ante lo que se intuye que sucederá pero aún no pasa, la identificación o rechazo que es necesaria para “creerle” a esos personajes que son quienes son.


Vamos primero al protagónico de Peretti, casi central de toda la trama junto al de su mujer (Morán). Hay que decir que, aunque es una rareza para su sólida carrera interpretativa, este personaje del pastor evangélico no se le da bien al actor.


No termina de consolidar la imagen de un hombre inescrupuloso, guiado por la ambición, pero aún así sostenido en los postulados de su iglesia. Se lo ve distante, apocado, poco convincente en los sermones (si algo caracteriza a este credo es la vehemencia de sus líderes) y también en las acciones que él mismo propicia, intrigando incluso contra su esposa.



Las interpretaciones que se ganan todos los créditos en “El Reino” son las de Mercedes Morán (la pastora) y Nancy Dupláa (la fiscal que investiga). Ellas se ponen al hombro los conflictos y les dan espesura y credibilidad.


Algunos diálogos del texto tampoco colaboran con el desafío actoral de Peretti, especialmente. Y es esa misma distancia o parsimonia verbal la que se le presenta como impedimento de verosimilitud al personaje.


“En principio, religión y política no tienen por qué tener nada que ver, pero hay una concepción de la política y de la religión que se basa en la manipulación que es lo que une a estos que contamos en ‘El Reino’”, afirmó Marcelo Piñeyro a la hora de contar sobre las ideas en las que sustentó el proyecto junto a Claudia. Y en esos asuntos, “El Reino” sí que sale airosa.


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